Lo que existe es lo que percibimos por los sentidos según el uso común del término "existencia". Por ende, aquello que no llegamos a percibir, no existe.
¿Y qué ocurre con aquello que en un momento percibimos y después dejamos de percibirlo? Lo lógico es pensar que deja de existir, al menos para el sujeto que lo percibió, pero esa concepción relativista cae en una falacia argumental insostenible.
En una sociedad de la información como en la que nos encontramos inmersos, las noticias aparecen y desaparecen a un ritmo vertiginoso, las nuevas noticias desplazan a las más antiguas que caen en el olvido de los propios medios que, en el fondo, buscan sólo lo actual, novedoso y noticiable, no en vano es su negocio y su forma de ganarse una clientela y su subsistencia.
Hoy hace dos años del terremoto de Haití y la tragedia en esa república hace ya muchos meses que desapareció de los medios y, por tanto, de nuestras vidas. Esto nos llevaría a pensar que ya no existe tragedia alguna. Nada más lejos de la realidad. El drama que viven los haitianos dos años después del terremoto sigue presente en el día a día de los habitantes de la isla. Hoy los medios se hacen eco para señalar la efeméride, de pasada, de puntillas, como quien esconde su vergüenza. Mañana dejará de ser nuevamente noticia y volverá al baúl de los recuerdos de donde será desempolvada nuevamente el año que viene para airearla de nuevo evitando así el apolillamiento, pero lo suficientemente oculta para que las conciencias de los ciudadanos del mundo les permitan dormir por la noche.
En marzo se cumple un año del terrible terremoto de Japón y, entonces, volveremos a conocer los niveles de radioactividad que nos tuvieron con el alma en vilo y que ya hemos olvidado. Durante el catorce de marzo, los políticos se volverán a plantear el uso de energías alternativas y veremos otra vez documentales y noticias sobre las consecuencias de la radiación nuclear. El día quince seguiremos con nuestras vidas normales y toda esa realidad se volverá a circunscribir a las localidades afectadas, para el resto… ya pasó el momento de reflexión y de compasión. Dejará de existir hasta el año siguiente.
La existencia y la inexistencia se encuentra a un sólo paso, o a un minuto, o a una línea en cualquier medio de comunicación.




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